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7 june 2009 _ blue resonant eagle [kin 215]
Las incesantes celebraciones alrededor de la ciudad de Barcelona de las últimas semanas nos han impulsado a ofreceros esta noticia. El ambiente ha sido estremecedor haciendo retumbar las paredes de todos los edificios al unísono tras cada jugada excitante y promoviendo que una marea de “personas” tengan carta blanca para poder invocar a pleno pulmón o a bocinazo limpio su absoluta fe (aunque, en algunos casos, no sea racional) en los nacionalismos, la separación y la competición.
Pero vamos a apartarnos de la evidente vertiente de control social que ejercen deportes como el fútbol para fijarnos, simplemente, en datos muy simples de la ciencia que nos muestran como la inteligencia de la vida opta por maneras diferentes de “jugar” para proseguir su camino evolutivo con más éxito.
El simple dato de que para evolucionar, los organismos unicelulares, las células, deben colaborar, unirse unas a otras, para anidar estructuras saludables de organismos más complejos, debería darnos la clave para entender el motivo del estancamiento evolucionario de nuestra especie y de su desconexión de la naturaleza o realidad.
Según nos cuenta Bruce Lipton, la evidencia fósil demuestra que las células empezaron a estar en este planeta 600 milones de años después de su formación. Desde su aparición y por los siguientes 2,75 billones de años, todo lo que poblaba este planeta eran organismos unicelulares viviendo en libertad... bacterias, algas y protozoos del estilo de las amebas.
Hace unos 750 millones de años estas inteligentes células encontraron el modo de hacerse mucho más inteligentes, desarrollando los primeros organismos multicelulares. Las plantas y los animales aparecieron. Estas formas de vida pluricelulares eran inicialmente comunidades o “colonias” de decenas o centenares de organismos unicelulares sueltos. Pero las ventajas evolucionarias de vivir en comunidad pronto dieron pie a organizaciones que contaban con billones e incluso trillones de células socialmente interactivas.
Hay que entender que estas células, tienen dos posiciones básicas en su día a día... una posición es crecimiento, en la que realizan sus actividades cotidianas y en la que se encuentran la mayor parte del tiempo y la otra es protección, a la que solo se someten si se encuentran en una situación de peligro. Cuando adoptan la posición de protección, todo el crecimiento se bloquea, por que al estarse protegiendo, la única prioridad es pelear o salir corriendo si es necesario y todos los recursos son reservados para ello. La protección, sinónimo de miedo o de estrés, suprime, incluso, el sistema inmune, para dar una mayor cantidad de energía a las partes motoras. [Por ello nuestra sociedad enferma al estar constantemente sometida a miedo y a estrés.]
El empuje evolucionario hacia el crecimiento perpetuo de estas comunidades es, simplemente, un reflejo de su necesidad biológica de supervivencia. Cuanta más conciencia tiene un organismo de su entorno, más oportunidades tendrá de sobrevivir. Cuando las células se agrupan incrementan su conciencia exponencialmente. Si a cada célula se le asignase un valor de conciencia igual a x, entonces cada organismo colonial tendría, colectivamente, un nivel potencial de conciencia de, al menos, x multiplicado por el número de células que forman la comunidad.
Entonces tenemos que lo que hacen las inteligentes células es colaborar, unirse... para de ese modo evolucionar hacia estructuras más complejas. ¿Pero entonces... como es que no potenciamos esa virtud en nosotros mismos, o nuestros hijos, nuestros juegos, etc... y en cambio, consciente o inconscientemente, si potenciamos la inversa?, la competición, la lucha, la separación... la guerra.
Podría deberse a una interpretación muy selectiva y un tanto clasista de las ideas de Darwin en lo que llamamos el Darwinismo Social, ya que a lo que incita “la supervivencia del más apto” es a “espabila que te la meten”, o “en la vida se ha de luchar, hijo”... individualismo especializado y en competición a todos los niveles. Me suena a tener que estar siempre alerta... perpetuamente en lo que llamabamos estados de protección. Pero el mismo Darwin insistió en que la sociedad no podía guiarse por los conceptos de lucha por la supervivencia y selección natural y al mismo tiempo sostenía que el enfoque holístico de la naturaleza incluía la "dependencia de unos seres con otros", enfatizando el valor de la cooperación, sobre la lucha entre las especies.
Volviendo al tema que nos ocupaba, el del fútbol y nuestros deportes en general, podriamos entender que estos, son un simple reflejo del constante estado de guerra en el que nuestra realidad se ha visto envuelta desde sus "teóricos" inicios en Sumeria. El afán, de los titiriteros que siempre han controlado los hilos del “juego”, por mantenernos separados y en constante lucha, ha propiciado que todo el desarrollo de nuestro pensamiento gire en torno a los juegos de guerra de la Torre de Babel. Una vez más... divide y vencerás.
Hace unas semanas enganchamos un documental que se llamaba “mystic ball” (pelota mística) y iba de un deporte practicado en Tailandia llamado Chinlón. Consistía en 6 jugadores que se colocaban en círculo bastante cerrado y rotacionalmente, uno de ellos se iba poniendo en el centro. Jugaban con una pelota hecha de fibras naturales y hueca por dentro, lo que la hacía no tan fácil de controlar como un balón y de lo que se trataba era de que no cayera al suelo y de que el jugador central vaya haciendo el mayor número de movimientos posibles que combinen dificultad y preciosismo. Los jugadores situados en el borde exterior van dando vueltas alrededor del jugador central y entre todos van pasandose la bola. El "príncipe" o jugador central, tiene espacio suficiente para lucirse, realizando unos movimientos marciales increibles y, en muchas ocasiones, dandole a la pelota sin mirar.
Cuando se ve un partido, se ve a un equipo, no a dos enfrentandose, puesto que lo realmente interesante de este deporte, es que no es competitivo, no hay oponente, no hay puntuación, no hay ganador ni perdedor. En vez de eso, cada año aprenden entre todos a hacer movimientos nuevos y originales haciendo evolucionar el deporte de un modo mucho más agradable y relajado.
Si en vez de hacer las cosas “bien o mal”... sinónimos de ganar o perder... en cualquier “juego” social, simplemente hiciéramos las cosas de modos “diferentes”, ello incitaría igualmente a la evolución y a demás esta, podría ser, incluso, más acelerada, pues al no estar bajo la influencia de la separación y por lo tanto de una peor comunicación, llegariamos antes a estructurar colectivos de humanos con una consciencia exponencialmente aumentada, capaces de sentir y de experimentar cosas que actualmente no podemos ni imaginar... y sin la ayuda de la muleta llamada tecnología.
Solo falta que nuestros sentidos se suelten y se permitan volar hasta donde queramos llegar. Como en la historia interminable... hasta que no volvamos a soñar en Fantasía,esta no volverá a nosotros.
Olvidabamos algo... Vamos a mencionar alusiones a frases como “te has de fijar en las cosas bonitas del fútbol, hombre...”, pero, ni siquiera entrando en el parecido de esa frase a “te has de fijar en las cosas bonitas de los toros”, solo preguntaremos: ¿que hay de bonito en un juego cuyo objetivo esencial es ganar, cuando siempre va a haber alguien perdiendo y que incita a que millones de personas se reunan semana tras semana rindiendo culto ciego a nacionalismos separatistas y a corporaciones que ahogan poco a poco a nuestra sociedad en la destrucción?
Os dejamos meditando esa última pregunta y nos despedimos... hasta la próxima!
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