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Siempre en movimiento, reconociendo y recorriendo la impermanencia, Andrés Delarua es un poeta que ha experimentado con varios lenguajes. En su obra encontramos la fotografía, la pintura, el vídeo y la literatura, unidas por la voluntad de hacer visible lo invisible, de cuestionar este mundo acomodado, de encontrar la esencia en lo cotidiano y la sencillez en lo infinito. Un pilar de su trabajo es usar los mínimos recursos posibles, prescindiendo de infraestructuras para crear con libertad.
Eterno caminante, hace años eligió Barcelona como puerto. Allí empezó a fotografiar de manera autodidacta: aprendió retratando el entorno, testimoniando sus pasos y muy pronto sus primeras instantáneas salieron publicadas en diversas revistas y periódicos. Su extensa obra fotográfica no es más que un diario de sus estudios metafísicos. Delarua nos dice:
“Es mi diario gráfico, donde no hay lugar ni tiempo, apenas pasajes de lo efímero, espíritus... algo que recordar algún día, cuando se aviste el puerto.
Hay cosas que no comprendemos, por eso jugamos aquí. Basta con olvidarse el mapa en algún banco de plaza y seguir caminando. El universo es bondadoso.”
La búsqueda de la expresión simbólica y la luz ambiente son aliados habituales en su obra, que entre el drama y la ironía, lo viejo y lo que está por llegar, nos regala toques de humor en lo trascendente y logra evidenciarnos lo oculto con simplicidad.
Sumergido en el universo de la imagen, Delarua empezó a jugar con la pintura, “basura organizada” la nombra él, y creó Efímero terrenal.
Así como su fotografía nos muestra la belleza de la luz, su pintura -que aparece entre múltiples texturas, símbolos y palabras explícitas- recorre profundamente la oscuridad.
Efímero terrenal muestra la densidad de nuestra actualidad cruel y fragmentada y nos habla sin compasión del lado más condicionado del ser humano, del homus economicus y de su ruptura feroz con la Naturaleza.
Después de unos años muy intensos en el campo editorial, en 2004 Delarua dejó, en gran parte, el mundo mediático y artístico. Se entregó a sus estudios místico-filosóficos, que le llevaron a vivir de manera muy austera en lugares alejados, y los rasgos conceptuales de la sociedad moderna fueron perdiendo toda importancia en su vida.
El lenguaje poético en sí le dio siempre el compás idóneo a su discurso, pero con el tiempo se fue abriendo a las letras como vehículo. Delarua escribe sin parar poesía y ensayo, de manera aplastantemente directa. Su universo interno y el mundo exterior bailan en sus textos en unidad. Habla de lo que siente, de este mundo loco, nos cuenta lo que ve y lo que no ve se lo inventa… y todo lo transforma en palabras contundentes.
Andrés Delarua sigue de viaje, busca incansablemente la expresión, algún por qué o apenas vivir las experiencias y oportunidades de este percibir, que resulta en su obra.

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