| ÍNDICE de COGNOS |
|
|
||
Lo que se muestra en este primer capítulo es una rapidísima progresión de la ciencia desde el renacimiento hasta nuestros días. En esta progresión, quedan retratadas las cuatro fuerzas que mueven y mantienen unido a nuestro universo del modo en que lo conocemos y la creciente necesidad de poder expresar estas fuerzas de un modo unificado.
En el primer punto del capítulo, se habla de Newton y su primera unificación del cielo y la tierra. En realidad éste, se alimentó de todo el cambio que ya se había empezado a generar casi doscientos años atrás. Vino dado por hombres como Leonardo da Vinci, considerado como el hombre del renacimiento por excelencia, Copérnico y su primera descripción de un sistema heliocéntrico, pasando por Tycho Brahe y sus precisas observaciones astronómicas, que más tarde también ayudarían a Johanes Kepler a postular sus leyes sobre el movimiento de los planetas. Todos ellos ayudaron a Newton a escribir los principios en los que describiría la ley de la gravitación universal o gravedad. También fueron decisivos para la época Galileo Galilei, Francis Bacon y René Descartes, promoviendo el establecimiento del moderno método científico.
En el segundo punto, James Clerk Maxwell, da el siguiente paso con la unificación de la electricidad y el magnetismo en un solo conjunto de ecuaciones. Maxwell aportaría a la ciencia muchas más cosas, hasta el punto de que Albert Einstein describió su trabajo como "el más profundo y provechoso que la física ha experimentado desde los tiempos de Newton".
El tercer punto se centra en la unificación de las tres dimensiones del espacio, largo, ancho y alto, con la del tiempo. Albert Einstein, con sus nuevas teorías a cerca de la gravedad ayudo a que comprendiéramos el universo como un único tejido continuo llamado, espacio-tiempo. Dejando a un lado sus importantes contribuciones a la ciencia, Einstein no pudo acabar de unificar el resto de fuerzas conocidas con sus nuevas teorías de la gravedad debido a la falta de datos de que disponía en la época. Estos datos llegaron a nuestra ciencia occidental un poco después de la segunda mitad del siglo XX y son los que están sentando las bases de la revolución de nuestros días.
En el cuarto y último punto se explica como el descubrimiento de la materia subatómica, más allá de los protones, neutrones y electrones, nos muestra un nivel más de la física, hasta entonces invisible. También saca a relucir las dos últimas fuerzas de la naturaleza, la fuerza nuclear fuerte y la nuclear débil. La formulación de la mecánica cuántica empezaría a explicar el comportamiento de estas ondas-partículas tan diminutas.
A medida que penetramos más a fondo en la materia, la naturaleza no nos muestra ningún tipo de <bloques básicos> aislados, como sugería la física newtoniana. La búsqueda de los bloques fundamentales de la materia hubo de ser abandonada cuando los físicos encontraron un gran número de partículas elementales que apenas podían calificarse como cuerpos materiales. Por medio de los experimentos realizados durante las últimas décadas, los físicos han descubierto que la materia es totalmente mutable y que, a nivel subatómico, no hay certidumbre de que la materia exista en lugares definidos sino que, más bien, muestra cierta <tendencia> a existir. Todas las partículas se pueden transmutar en otras. Se pueden crear a partir de la energía y convertirse en otras partículas. Se pueden crear a partir de la energía y desvanecerse en energía. Cuándo y cómo sucede esto es algo que no podemos determinar con exactitud, pero sabemos que ocurre continuamente.
A nivel personal, a medida que nos internamos en el mundo de la moderna psicología y el desarrollo espiritual descubrimos que las viejas formas disyuntivas también se disuelven en la forma dual (lo uno y lo otro). Ya no somos malos o buenos; ya no nos limitamos a odiar o a amar a alguien. Encontramos capacidades mucho más amplias en nuestro interior. Podemos sentir amor y odio, con todas las emociones intermedias, por una misma persona. Actuamos responsablemente. Vemos que la vieja contraposición Dios/Demonio se disuelve en un todo en el que nos encontramos que el Dios/Diosa interior se funde con el Dios/Diosa exterior. Un mal no es lo opuesto al Dios/Diosa, sino la resistencia a la fuerza del Dios/Diosa. Todo está compuesto con la misma energía. La fuerza del Dios/Diosa es, a un tiempo, blanca y negra, masculina y femenina. Contiene ambas cosas, la luz blanca y el vacío negro.
Como puede ver el lector, seguimos usando conceptos impregnados de dualismo, pero estamos en un mundo de <aparentes> opuestos que se complementan entre sí, no de opuestos <reales>. En este sistema, el dualismo se utiliza para impulsarnos al interior de la unidad. (Fragmento del libro “Hands of light” de Barbara Brennan)
Es interesante conocer el proceso de evolución de nuestra ciencia, para poder entender mejor el siguiente capítulo. En él abordaremos, concentradamente, los puntos clave de la transición que estamos atravesando hacia un nuevo modelo para comprender la realidad.anteriorsiguiente